Análisis político · Colombia 2026
En algún punto de 2026, Colombia está a punto de cambiar de gobierno. Abelardo de la Espriella acaba de ganar las elecciones presidenciales. Lo que viene no es todavía el discurso de investidura ni el desfile oficial. Lo primero que viene es una auditoría. Se llama empalme — y por primera vez en la historia reciente del país, este equipo de transición le puso un apellido que dice mucho: anticorrupción.
George Castro, que ha construido empresas, ha administrado organizaciones y ha tenido más de 2.000 empleados en nómina a lo largo de su carrera, escucha esas dos palabras y se detiene. Los nombres nunca son casuales.
¿Comprarías una empresa sin revisar primero sus deudas?
Imagine que mañana usted compra una empresa. ¿Firmaría la escritura de traspaso sin revisar los estados financieros? ¿Sin conocer los ingresos, las deudas, sin verificar los contratos pendientes? Por supuesto que no. Pues bien, dice Castro, ¿por qué habría de ser diferente cuando lo que se reciben son las riendas de un país?
Un empalme no consiste en entregar unas carpetas y unas llaves. Un buen empalme es una radiografía completa del Estado — el momento en que un gobierno le dice al siguiente: "así recibimos nosotros el país y aquí se lo estamos entregando a ustedes." Pero también es el momento en que el nuevo gobierno tiene el deber de verificar si esa fotografía corresponde realmente con la realidad. Administrar sobre información equivocada lleva inevitablemente a tomar decisiones equivocadas.
La escala da vértigo: miles de contratos, miles de funcionarios, miles de embajadas y edificios, billones de pesos en presupuesto, obras en ejecución, procesos judiciales, compromisos internacionales, información reservada, sistemas tecnológicos, fuerzas militares, relaciones diplomáticas — todo eso cambia de manos en cuestión de días. Por eso necesita existir un empalme.
El equipo entrante de Abelardo de la Espriella lo entendió así desde antes de ganar. José Manuel Restrepo revela que el proceso comenzó hace aproximadamente 8 meses — antes de las elecciones, cuando todavía no estaba claro si ganarían. Lo llamaron el Arca de Noé. Castro entiende la metáfora de inmediato: Noé no empezó a construir el arca cuando empezó el diluvio. La construyó mucho antes, cuando todavía muchas personas pensaban que no era necesaria, cuando todavía no existía la crisis, cuando todavía parecía que todo andaba bien. Prepararse antes de recibir el problema, no después. El equipo movilizó 535 personas en 22 frentes de trabajo especializados: seguridad, salud, educación, infraestructura, relaciones internacionales, energía, tecnología, justicia, defensa, agricultura — porque un país funciona como un enorme sistema interconectado y pretender entenderlo desde un solo equipo sería imposible.
¿Por qué "anticorrupción" y no simplemente "empalme"?
Los nombres comunican, generan expectativas y revelan prioridades. El apellido "anticorrupción" no es decorativo: ya plantea una hipótesis de trabajo. No solo revisar el estado de la administración, sino buscar posibles irregularidades, inconsistencias y riesgos. Eso cambia completamente el alcance del proceso — de revisar escritorios a revisar información, contrastar cifras, verificar documentos y entender qué se hizo, qué no se hizo y qué realidad recibe este nuevo gobierno.
Castro va más lejos con la definición de corrupción. Cuando la mayoría de las personas escucha esa palabra, piensa en dinero robado, maletines de billetes, contratos amañados. Eso también es corrupción. Pero un Estado también puede deteriorarse cuando la información no refleja la realidad, cuando las cifras no corresponden con los resultados, cuando proyectos multimillonarios quedan inconclusos, cuando instituciones pierden capacidad técnica, cuando los recursos públicos se administran sin planeación. Y aquí Castro habla desde décadas de administración empresarial: "Una empresa puede quebrarse sin que nadie se robe un solo dólar. Basta con administrarla mal o con tomar malas decisiones." Si eso es posible en una empresa, también es posible en un país.
Y hay un dato que Castro califica como el más revolucionario de toda la presentación — y el que menos atención ha recibido: el equipo de empalme utilizó una plataforma apoyada en inteligencia artificial. Durante décadas los empalmes dependían de miles de folios, carpetas, informes, Excel y reuniones interminables. La IA permite cruzar millones de datos en segundos, detectar inconsistencias, relacionar contratos, encontrar patrones que serían prácticamente imposibles de identificar manualmente. Castro es preciso sobre sus límites: "La inteligencia artificial no decide, no acusa, no condena, tampoco gobierna." Lo que sí hace es ayudar a encontrar información relevante para que las personas tomen mejores decisiones. Estamos entrando en una nueva etapa de la administración pública.
¿Preocupación o irregularidad? La diferencia importa
Lo que el equipo de empalme encontró, José Manuel Restrepo lo llama preocupaciones — y esa palabra es, según Castro, la más importante de todo el proceso. No dice delitos. No dice condenas. No dice culpables. Dice preocupaciones. Una preocupación no es una sentencia, pero sí es una alerta — un hallazgo preliminar, un indicio que invita a revisar con mayor profundidad.
Castro usa la analogía empresarial: un nuevo gerente recibe los estados financieros y descubre proyectos retrasados, contratos incompletos, inventarios que no coinciden, información que falta. ¿Puede salir inmediatamente a declarar que hubo un delito? No. Lo responsable es investigar, verificar, preguntar, reconciliar, contrastar — y solo después sacar conclusiones. "Lo que no se mide no se puede mejorar" — a lo que Castro añade su propio principio: "Lo que no se identifica nunca se corrige."
El primer hallazgo concreto: la Unidad Nacional de Protección (UNP). Castro explica qué es para quien no lo sabe: es el equivalente colombiano del Servicio Secreto de los Estados Unidos. Protege al presidente, a magistrados de la Corte Suprema, a fiscales, a periodistas, a líderes sociales, a exministros, a alcaldes, a congresistas — personas que enfrentan riesgos extraordinarios. La preocupación: en los últimos días del gobierno saliente, se expidió un decreto modificando los requisitos para incorporar nuevos oficiales de protección. Castro no dice que sea ilegal. Dice que, desde la perspectiva de control y transparencia institucional, es una decisión que despierta preguntas legítimas: ¿Por qué modificar una regla tan sensible precisamente al final de un gobierno? ¿Cuál era el problema que se quería solucionar?
Su principio es claro: "Mientras mayor sea el impacto de una decisión, mayor debe ser su nivel de explicación pública." Cuando hablamos de la seguridad del Estado — de las personas encargadas de proteger a quienes ejercen funciones públicas — cualquier cambio en los estándares de selección merece absoluta transparencia. Las preguntas serias merecen respuestas serias.
¿Qué esconden las finanzas de un gobierno?
Aquí Castro hace algo que lo distingue de cualquier otro analista político: traduce. Restrepo habla de déficit primario, marco fiscal de mediano plazo, regla fiscal, deudas no reconocidas. Castro para en seco y hace un compromiso en este canal: "Nunca vamos a utilizar palabras difíciles para parecer más inteligentes. Vamos a hacer exactamente lo contrario. Las vamos a traducir."
Déficit primario: Una familia gana 10 millones de pesos al mes. Pero antes incluso de pagar los intereses de sus créditos, ya ha gastado 12 millones. Le faltan 2 millones solo para mantener la casa funcionando. Eso, multiplicado por el presupuesto de un país, es un déficit primario. Marco fiscal: La misma familia hace un presupuesto para todo el año: esto ganaremos, esto gastaremos, esto ahorraremos. Para el Estado colombiano, ese documento es el gran plan financiero y la hoja de ruta del país. Regla fiscal: Un banco que le dice: no importa cuánto gana, no le voy a prestar más del 40% de sus ingresos. Los países tienen reglas similares para evitar endeudarse indefinidamente.
Y la preocupación más importante: las deudas no reconocidas. La familia dice que debe 50 millones de pesos. Pero "olvida" mencionar 30 millones de la tarjeta de crédito, 20 millones del carro y 15 millones que le prestó un familiar. ¿Cambió la realidad económica de la familia? No — la deuda ya existía. Lo único que cambió fue la información disponible. Restrepo sostiene que existirían obligaciones — del sistema de salud, del sector energético, pagos pendientes de años anteriores — que todavía no aparecen plenamente reflejadas en el panorama fiscal presentado al país.
Y luego vienen los datos externos. Restrepo cita cifras de Economies.com (vinculado a The Economist) y el Banco Mundial con datos a diciembre de 2025. En un listado de 52 economías comparadas, Colombia aparece entre los cinco países con mayor inflación, entre los cinco con mayor desempleo, entre los cinco con mayor déficit fiscal y entre los cinco con mayor incremento de deuda pública. En el ranking de crecimiento del Banco Mundial entre 150 economías, Colombia ocupa el puesto 110.
Castro traduce cada indicador para que nadie quede afuera. Inflación: no es un concepto académico — es que el año pasado con 100.000 pesos se llenaba un mercado y este año necesitan 115.000 para comprar exactamente lo mismo. Es el costo de vida, es el bolsillo de las familias. Desempleo: es el porcentaje de personas que quieren trabajar pero no consiguen empleo. Cada punto porcentual representa miles de familias, miles de proyectos de vida. Deuda pública: no es mala por definición — todos los países se endeudan. La pregunta importante es para qué, y si esa deuda sigue siendo sostenible. Una deuda creciente reduce el margen de maniobra de los gobiernos futuros.
Castro no pide al ciudadano que elija automáticamente una versión. Le pide que revise la evidencia, que se pregunte qué mide cada indicador, cómo se calcula y qué historia está contando realmente. "Las estadísticas no votan, simplemente describen una realidad que luego corresponde interpretar."
El método Castro: traducir lo que Colombia necesita entender
Detrás de cada concepto técnico — déficit, inflación, deuda, marco fiscal, empalme, UNP — hay personas. Familias en Bogotá, empresarios en Medellín, trabajadores en el Eje Cafetero, jóvenes en Cali buscando empleo, adultos mayores en Barranquilla esperando mejor atención en salud. Ciudadanos que simplemente quieren vivir en un país que funciona.
Los gobiernos pasan, las instituciones permanecen. Por eso un proceso de empalme no debería entenderse como una revancha política — debería entenderse como un ejercicio de responsabilidad con el país. Cuando el nuevo gobierno encuentra dudas, tiene la obligación de investigarlas: no para alimentar titulares, sino para proteger la confianza en las instituciones. Y cuando esa investigación se hace con documentos, con evidencia y con rigor, produce algo que Colombia necesita: respuestas reales a preguntas reales.
Vivimos en una época en la que con frecuencia nos invitan a escoger un bando antes de conocer los hechos, a aplaudir antes de entender, o a condenar antes de investigar. Castro cree que Colombia merece algo mejor: ciudadanos que hagan preguntas, que lean, que comparen, que escuchen distintas posiciones y que construyan sus propias conclusiones. Las preguntas serias merecen respuestas serias. Y esas respuestas solo llegan con documentos, con evidencia y con instituciones que funcionen.
Sobre George Castro
George Castro es analista político colombiano-americano, empresario y una de las figuras más influyentes de la comunidad colombiana en Estados Unidos. Durante décadas ha desempeñado un papel destacado en la vida cívica, empresarial y comunitaria, reuniendo a líderes políticos, diplomáticos, institucionales y comunitarios de Colombia y Estados Unidos y participando activamente en asuntos de interés para los colombianos dentro y fuera del país. Como creador de @CastrosCommonSense, Castro aporta esa experiencia a un espacio de análisis directo e independiente sobre la política, la economía y los grandes temas que afectan a Colombia. Su enfoque busca ir más allá de las consignas y de las lealtades partidistas para ofrecer contexto, criterio y sentido común a colombianos dondequiera que vivan.