¿Hasta Dónde Debe Llegar la Fuerza Pública Contra los Criminales?
La víctima primero: cambiar el punto de partida del debate
Cuando hablamos de derechos humanos pareciera que siempre empezamos por el mismo lado: por el del delincuente, por el del narcotraficante, por el del extorsionista, por el cabecilla, por el que aprieta el gatillo, por el que amenaza, por el que somete comunidades enteras.
Hoy Castro quiere empezar exactamente al revés. Quiere empezar por la víctima.
- La señora a la que llaman y le dicen "Paga o matamos a su hijo"
- El comerciante que trabajó 20 años para construir un negocio y un delincuente decide que ahora tiene que pagarle una mensualidad para abrirlo
- El campesino que abandona su finca porque una estructura criminal decidió que ahí mandaba él
- El policía al que le disparan simplemente porque lleva un uniforme
- El soldado que entra a una zona donde sabe que lo están esperando
- La familia que vive con miedo porque una estructura criminal decidió que el barrio le pertenece
- El niño reclutado a la fuerza por un grupo armado
El problema con buena parte de esta conversación, dice Castro, es que cuando la fuerza pública actúa, inmediatamente aparecen cuestionamientos. Cuando cae un cabecilla, aparecen organizaciones, políticos, abogados y analistas preguntando si se respetaron los derechos de los criminales. Perfecto — eso hace parte de una democracia. Pero Castro también quiere preguntar: ¿dónde estaba la misma indignación cuando ese criminal violaba los derechos de los demás?
"Al estado le exigimos explicaciones por defendernos. Mientras al criminal terminamos rodeándolo de consideraciones y de garantías."
— George Castro, Castro's Common Sense EP017Castro es claro: la ley establece garantías y el Estado no puede actuar por fuera de la Constitución. Pero una garantía no puede convertirse en un privilegio para delinquir. Ni los derechos humanos pueden terminar funcionando como un escudo político para quienes destruyen los derechos de los demás.
El caso Bendito Menor: ¿cuándo empieza el juicio moral?
Para ilustrar esta tensión, Castro examina un caso concreto que generó debate nacional.
- Señalado por el gobierno como uno de los principales objetivos criminales de Colombia
- Presuntamente vinculado a narcotráfico, extorsión e intimidación de comunidades del Caribe colombiano
- Se había convertido en influencer en redes sociales, mostrando sus lujos con total libertad
- Murió durante la Operación Centinela de la Patria, ejecutada por la policía y un comando especial de la DIIN
Castro responde: esas preguntas pueden hacerse. No está diciendo que no. Pero entonces hay que hacer todas las preguntas. ¿Cuántas personas vivían bajo la amenaza de esa estructura? ¿Cuántos comerciantes tuvieron que pagar? ¿Cuántas familias sintieron miedo? ¿Cuántos policías tuvieron que perseguir durante años a hombres como estos?
"Si vamos a construir un juicio moral sobre un operativo, la historia no puede comenzar el día en que el delincuente se encuentra con la policía. La historia comienza antes. La historia comienza con sus víctimas."
— George Castro, Castro's Common Sense EP017No se trata de una política que simplemente diga "encuéntrenlos y mátenlos." Hay capturas, extradiciones, inteligencia, procedimientos judiciales. También hay operaciones donde la fuerza pública enfrenta personas armadas. Y si alguien pertenece a una organización armada, enfrenta a la fuerza pública, dispara y amenaza la vida de quienes llegan a capturarlo, entonces no podemos exigirle al policía que pierda primero la vida para demostrar después que respetó los derechos humanos.
El policía tiene 5 segundos, no 5 horas: decidir bajo presión
Aquí llega el punto donde Castro quiere ser muy claro, porque es muy fácil analizar un operativo sentado frente a un computador 5 horas después, viendo un video cuadro por cuadro.
Pero el policía no tiene 5 horas. A veces tiene 5 segundos.
Entra a una casa. No sabe quién está armado detrás de la pared. No sabe qué hay detrás de una puerta. No sabe si alguien tiene un fusil. No sabe si existe una emboscada. No sabe si el hombre que está frente a él va a levantar las manos o va a apretar un gatillo. Y aún así pareciera que algunos esperan que el policía reciba primero el disparo para después demostrar que tenía derecho a defenderse.
"Un policía no tiene que morir para demostrar que actuó correctamente. No tiene que esperar a ser herido. No tiene que esperar a que maten a su compañero."
— George Castro, Castro's Common Sense EP017- El delincuente se entrega
- Está desarmado
- Ya fue reducido
- La amenaza terminó
- El delincuente está armado y se resiste
- Dispara o apunta contra un policía
- Amenaza la vida de otra persona
- Enfrenta armado a quien llega a capturarlo
El policía tiene derecho a volver vivo a su casa. El soldado también. Y el ciudadano que ellos están protegiendo también. Castro quiere una fuerza pública con reglas, pero la quiere con respaldo. No con miedo. No quiere que un policía que en medio de un enfrentamiento tenga que preguntarse si defender su vida lo va a convertir mañana en un acusado político.
Respaldo no es licencia: tres distinciones que Colombia necesita
Aparece una discusión que a Castro le parece profundamente equivocada: la idea de que hablar de respaldo a la fuerza pública es lo mismo que entregar una licencia para matar. Esa caricatura es demasiado fácil.
Pero también hay que decirlo con claridad: si un uniformado abusa, que responda. Si hubo una ejecución ilegal, que se investigue. Si alguien actuó fuera de la ley, que enfrente las consecuencias. Eso no genera ninguna contradicción, dice Castro — precisamente para poder respaldar con toda contundencia al policía que actúa bien, también hay que separar al que actúa mal.
Lo que no acepta Castro es la presunción contraria: que cada vez que muere un delincuente en un operativo, el primer sospechoso sea el policía. Que primero dudemos de quién lleva el uniforme y después preguntemos qué hizo el criminal. Ahí se está invirtiendo el orden de las cosas.
Al final, Castro propone tres distinciones que Colombia tiene pendiente:
Al criminal la ley, a la fuerza pública respaldo, a la víctima jamás sola
Yo quiero un Estado fuerte, no un Estado abusivo. Esa es la distinción que Castro pone en el centro.
Un Estado con miedo al delincuente termina entregándole el territorio al delincuente. Y Castro quiere lo opuesto: delincuentes con miedo de enfrentarse al Estado y a las consecuencias, no policías con miedo de hacer su trabajo.
"Los derechos humanos no pueden ser un escudo para el crimen. Deben proteger a todos, sí. Pero el Estado existe ante todo para proteger al ciudadano, para hacer cumplir la ley y recuperar el territorio que el criminal pretende controlar."
— George Castro, Castro's Common Sense EP017Y la posición que cierra el episodio no es una posición cómoda — Castro lo admite. Pero hay conversaciones que necesitan incomodar.
Colombia prefiere que el delincuente sepa que si se entrega habrá justicia. Pero también que sepa que si decide enfrentar armado al Estado, el Estado no va a retroceder. Eso es autoridad, eso es orden — y eso también es proteger derechos humanos: los derechos de la gente decente a vivir sin temor.
"Me preocupa una sociedad donde el policía termina explicando por qué disparó, pero casi nadie pregunta por qué el delincuente estaba disparando."
— George Castro, Castro's Common Sense EP017George Castro es analista político colombiano-americano, empresario y una de las figuras más influyentes de la comunidad colombiana en Estados Unidos. Durante décadas ha desempeñado un papel destacado en la vida cívica, empresarial y comunitaria, reuniendo a líderes políticos, diplomáticos, institucionales y comunitarios de Colombia y Estados Unidos y participando activamente en asuntos de interés para los colombianos dentro y fuera del país.
Como creador de @CastrosCommonSense, Castro aporta esa experiencia a un espacio de análisis directo e independiente sobre la política, la economía y los grandes temas que afectan a Colombia. Su enfoque busca ir más allá de las consignas y de las lealtades partidistas para ofrecer contexto, criterio y sentido común a colombianos dondequiera que vivan.