Castro's Common Sense EP 017

Episodio 017  ·  Seguridad & Estado de Derecho  ·  Colombia

¿Hasta Dónde Debe Llegar la Fuerza Pública Contra los Criminales?

La víctima primero: cambiar el punto de partida del debate

Cuando hablamos de derechos humanos pareciera que siempre empezamos por el mismo lado: por el del delincuente, por el del narcotraficante, por el del extorsionista, por el cabecilla, por el que aprieta el gatillo, por el que amenaza, por el que somete comunidades enteras.

Hoy Castro quiere empezar exactamente al revés. Quiere empezar por la víctima.

Las caras de la víctima en Colombia
  • La señora a la que llaman y le dicen "Paga o matamos a su hijo"
  • El comerciante que trabajó 20 años para construir un negocio y un delincuente decide que ahora tiene que pagarle una mensualidad para abrirlo
  • El campesino que abandona su finca porque una estructura criminal decidió que ahí mandaba él
  • El policía al que le disparan simplemente porque lleva un uniforme
  • El soldado que entra a una zona donde sabe que lo están esperando
  • La familia que vive con miedo porque una estructura criminal decidió que el barrio le pertenece
  • El niño reclutado a la fuerza por un grupo armado

El problema con buena parte de esta conversación, dice Castro, es que cuando la fuerza pública actúa, inmediatamente aparecen cuestionamientos. Cuando cae un cabecilla, aparecen organizaciones, políticos, abogados y analistas preguntando si se respetaron los derechos de los criminales. Perfecto — eso hace parte de una democracia. Pero Castro también quiere preguntar: ¿dónde estaba la misma indignación cuando ese criminal violaba los derechos de los demás?

"Al estado le exigimos explicaciones por defendernos. Mientras al criminal terminamos rodeándolo de consideraciones y de garantías."

— George Castro, Castro's Common Sense EP017

Castro es claro: la ley establece garantías y el Estado no puede actuar por fuera de la Constitución. Pero una garantía no puede convertirse en un privilegio para delinquir. Ni los derechos humanos pueden terminar funcionando como un escudo político para quienes destruyen los derechos de los demás.

El caso Bendito Menor: ¿cuándo empieza el juicio moral?

Para ilustrar esta tensión, Castro examina un caso concreto que generó debate nacional.

CASO
Alias Bendito Menor — Operación Centinela de la Patria
  • Señalado por el gobierno como uno de los principales objetivos criminales de Colombia
  • Presuntamente vinculado a narcotráfico, extorsión e intimidación de comunidades del Caribe colombiano
  • Se había convertido en influencer en redes sociales, mostrando sus lujos con total libertad
  • Murió durante la Operación Centinela de la Patria, ejecutada por la policía y un comando especial de la DIIN
La pregunta que apareció: ¿Por qué lo mataron? ¿Por qué no lo capturaron? ¿Era realmente necesario?

Castro responde: esas preguntas pueden hacerse. No está diciendo que no. Pero entonces hay que hacer todas las preguntas. ¿Cuántas personas vivían bajo la amenaza de esa estructura? ¿Cuántos comerciantes tuvieron que pagar? ¿Cuántas familias sintieron miedo? ¿Cuántos policías tuvieron que perseguir durante años a hombres como estos?

"Si vamos a construir un juicio moral sobre un operativo, la historia no puede comenzar el día en que el delincuente se encuentra con la policía. La historia comienza antes. La historia comienza con sus víctimas."

— George Castro, Castro's Common Sense EP017

No se trata de una política que simplemente diga "encuéntrenlos y mátenlos." Hay capturas, extradiciones, inteligencia, procedimientos judiciales. También hay operaciones donde la fuerza pública enfrenta personas armadas. Y si alguien pertenece a una organización armada, enfrenta a la fuerza pública, dispara y amenaza la vida de quienes llegan a capturarlo, entonces no podemos exigirle al policía que pierda primero la vida para demostrar después que respetó los derechos humanos.

El policía tiene 5 segundos, no 5 horas: decidir bajo presión

Aquí llega el punto donde Castro quiere ser muy claro, porque es muy fácil analizar un operativo sentado frente a un computador 5 horas después, viendo un video cuadro por cuadro.

Pero el policía no tiene 5 horas. A veces tiene 5 segundos.

Entra a una casa. No sabe quién está armado detrás de la pared. No sabe qué hay detrás de una puerta. No sabe si alguien tiene un fusil. No sabe si existe una emboscada. No sabe si el hombre que está frente a él va a levantar las manos o va a apretar un gatillo. Y aún así pareciera que algunos esperan que el policía reciba primero el disparo para después demostrar que tenía derecho a defenderse.

"Un policía no tiene que morir para demostrar que actuó correctamente. No tiene que esperar a ser herido. No tiene que esperar a que maten a su compañero."

— George Castro, Castro's Common Sense EP017
Se captura
  • El delincuente se entrega
  • Está desarmado
  • Ya fue reducido
  • La amenaza terminó
Puede justificarse respuesta contundente
  • El delincuente está armado y se resiste
  • Dispara o apunta contra un policía
  • Amenaza la vida de otra persona
  • Enfrenta armado a quien llega a capturarlo

El policía tiene derecho a volver vivo a su casa. El soldado también. Y el ciudadano que ellos están protegiendo también. Castro quiere una fuerza pública con reglas, pero la quiere con respaldo. No con miedo. No quiere que un policía que en medio de un enfrentamiento tenga que preguntarse si defender su vida lo va a convertir mañana en un acusado político.

Respaldo no es licencia: tres distinciones que Colombia necesita

Aparece una discusión que a Castro le parece profundamente equivocada: la idea de que hablar de respaldo a la fuerza pública es lo mismo que entregar una licencia para matar. Esa caricatura es demasiado fácil.

Qué significa respaldar a la fuerza pública
🎓Entrenamiento
🔍Inteligencia
⚙️Equipos
📋Reglas claras
⚖️Autoridad
🛡️Respaldo institucional cuando actúa bien

Pero también hay que decirlo con claridad: si un uniformado abusa, que responda. Si hubo una ejecución ilegal, que se investigue. Si alguien actuó fuera de la ley, que enfrente las consecuencias. Eso no genera ninguna contradicción, dice Castro — precisamente para poder respaldar con toda contundencia al policía que actúa bien, también hay que separar al que actúa mal.

Lo que no acepta Castro es la presunción contraria: que cada vez que muere un delincuente en un operativo, el primer sospechoso sea el policía. Que primero dudemos de quién lleva el uniforme y después preguntemos qué hizo el criminal. Ahí se está invirtiendo el orden de las cosas.

Al final, Castro propone tres distinciones que Colombia tiene pendiente:

1
No confundir derechos con inocencia
Que la ley le reconozca garantías a alguien no significa que no haya cometido lo que se le acusa. Los derechos procesales protegen el procedimiento, no borran los hechos.
2
No confundir garantías con impunidad
El debido proceso existe para asegurar que la justicia se aplique correctamente, no para garantizar que quien cometió un crimen no pague por él.
3
No confundir al victimario con la víctima
El que secuestra y el secuestrado no ocupan el mismo lugar moral. El que extorsiona y el comerciante extorsionado no son equivalentes. El que dispara y el que lo intenta detener tampoco.

Al criminal la ley, a la fuerza pública respaldo, a la víctima jamás sola

Yo quiero un Estado fuerte, no un Estado abusivo. Esa es la distinción que Castro pone en el centro.

Un Estado con miedo al delincuente termina entregándole el territorio al delincuente. Y Castro quiere lo opuesto: delincuentes con miedo de enfrentarse al Estado y a las consecuencias, no policías con miedo de hacer su trabajo.

"Los derechos humanos no pueden ser un escudo para el crimen. Deben proteger a todos, sí. Pero el Estado existe ante todo para proteger al ciudadano, para hacer cumplir la ley y recuperar el territorio que el criminal pretende controlar."

— George Castro, Castro's Common Sense EP017

Y la posición que cierra el episodio no es una posición cómoda — Castro lo admite. Pero hay conversaciones que necesitan incomodar.

Al criminal
La ley
Las garantías que ordena la Constitución — ni más ni menos. Que se entregue, que enfrente un juez y que las garantías procesales operen.
A la fuerza pública
Respaldo
Que actúe con autoridad, dentro de la ley, con entrenamiento y reglas claras — y que el Estado se pare detrás de ella cuando actúa correctamente.
A la víctima
Jamás sola
Que sea el centro del debate, no un personaje secundario. Que alguien le ponga un micrófono y que sus derechos humanos también importen.

Colombia prefiere que el delincuente sepa que si se entrega habrá justicia. Pero también que sepa que si decide enfrentar armado al Estado, el Estado no va a retroceder. Eso es autoridad, eso es orden — y eso también es proteger derechos humanos: los derechos de la gente decente a vivir sin temor.

"Me preocupa una sociedad donde el policía termina explicando por qué disparó, pero casi nadie pregunta por qué el delincuente estaba disparando."

— George Castro, Castro's Common Sense EP017
Sobre el canal

George Castro es analista político colombiano-americano, empresario y una de las figuras más influyentes de la comunidad colombiana en Estados Unidos. Durante décadas ha desempeñado un papel destacado en la vida cívica, empresarial y comunitaria, reuniendo a líderes políticos, diplomáticos, institucionales y comunitarios de Colombia y Estados Unidos y participando activamente en asuntos de interés para los colombianos dentro y fuera del país.

Como creador de @CastrosCommonSense, Castro aporta esa experiencia a un espacio de análisis directo e independiente sobre la política, la economía y los grandes temas que afectan a Colombia. Su enfoque busca ir más allá de las consignas y de las lealtades partidistas para ofrecer contexto, criterio y sentido común a colombianos dondequiera que vivan.

Preguntas frecuentes

Jurídicamente sí. La Constitución establece garantías para todo procesado y el debido proceso existe independientemente de quién sea el acusado. Castro lo reconoce sin ambigüedad. Pero agrega que una garantía no puede convertirse en un privilegio para delinquir, ni los derechos humanos pueden funcionar como un escudo político para quienes destruyen los derechos de los demás. Su posición: el debate moral debe empezar por la víctima, no por el victimario.
Alias Bendito Menor era señalado por el gobierno como uno de los principales objetivos criminales de Colombia, presuntamente vinculado a narcotráfico, extorsión e intimidación de comunidades del Caribe colombiano. Se había convertido en influencer en redes sociales, mostrando sus lujos con total libertad. Murió durante la Operación Centinela de la Patria, ejecutada por la policía y un comando especial de la DIIN. La polémica surgió cuando se empezó a preguntar por qué fue abatido en lugar de capturado. Castro responde que el juicio moral no puede empezar el día del operativo: tiene que empezar con las víctimas de esa estructura.
Castro establece una distinción clara. Si el delincuente se entrega, está desarmado, ya fue reducido o la amenaza terminó, se captura — sin discusión. Pero si el delincuente está armado, se resiste, dispara, apunta contra un policía o amenaza la vida de otra persona, el Estado tiene derecho a responder. En circunstancias extremas, esa respuesta puede ser letal. Castro añade: un policía no tiene que morir para demostrar que actuó correctamente.
No. Para Castro esa caricatura es demasiado fácil y profundamente equivocada. Respaldar a la fuerza pública significa darle entrenamiento, inteligencia, equipos, reglas claras, autoridad — y algo fundamental: respaldo institucional cuando actúa correctamente. Lo que Castro rechaza es que un policía entre a un procedimiento pensando que si reacciona mañana termina acusado, que si dispara lo dejan solo, que si algo sale mal su institución desaparece. Un Estado que le tiene miedo al delincuente termina entregándole el territorio.
Que responda. Si hubo una ejecución ilegal, que se investigue. Si alguien actuó fuera de la ley, que enfrente las consecuencias. Castro dice que eso no le genera ninguna contradicción, porque precisamente para poder respaldar con toda contundencia al policía que actúa bien, también hay que separar al que actúa mal. Lo que no acepta es la presunción contraria: que cada vez que muere un delincuente en un operativo, el primer sospechoso sea el policía.
Castro propone tres distinciones fundamentales: no confundir derechos con inocencia, no confundir garantías con impunidad y no confundir al victimario con la víctima. Su posición de cierre: al criminal, la ley — las garantías que ordena la Constitución; a la fuerza pública, respaldo institucional para que actúe con autoridad y sin miedo; y a la víctima, que nunca más la dejemos sola, que sea el centro del debate, no un personaje secundario en la historia del que fue capturado o abatido.