Hay gobiernos que tardan meses en mostrar cuáles van a ser sus prioridades. El de Abelardo de la Espreella parece estar necesitando mucho menos tiempo. En cuestión de días, Colombia ha visto operaciones militares de gran escala, golpes contra estructuras armadas criminales y una fuerza pública que parece estar recibiendo una instrucción diferente: recuperar la iniciativa.
Uno de los golpes tiene nombre propio: Bendito Menor. Dos operaciones en dos regiones distintas. Pero detrás de ellas parece aparecer un mismo mensaje. Y aquí es donde este tema deja de ser simplemente una noticia de orden público. Porque una operación puede ser circunstancial. Dos pueden comenzar a mostrar una tendencia. Pero cuando esas operaciones vienen acompañadas de un discurso presidencial que habla de recuperar el territorio, entonces tenemos que preguntarnos si estamos viendo algo más grande. ¿Está naciendo una nueva doctrina de seguridad en Colombia?
El cambio no está en las operaciones — está en la instrucción política
Sería demasiado fácil decir "llegó Abelardo y comenzaron las operaciones militares." Eso no sería cierto. Colombia siempre ha tenido fuerzas militares, policía e inteligencia, y durante diferentes gobiernos se han realizado bombardeos, capturas y operaciones contra organizaciones criminales.
El cambio no está simplemente en que haya operaciones. El cambio parece estar en la instrucción política, la prioridad, el ritmo y el objetivo que el presidente está poniendo sobre la mesa. El gobierno de Abelardo no plantea como primera respuesta frente a estas organizaciones abrir una mesa de negociación. La instrucción es recuperar el control del territorio colombiano y utilizar para hacerlo la fuerza legítima del Estado.
Castro hace una precisión importante: esas cifras son el balance oficial del gobierno, y un mes de estadísticas no es suficiente para declarar victoria. Pero sí es suficiente para observar una dirección. Y probablemente el elemento más importante es que el gobierno está buscando cabecillas — no solamente soldados rasos, no solamente cargamentos. Está intentando golpear estructuras de mando.
Hay otra característica que Castro considera particularmente importante: el presidente está asumiendo personalmente la política de seguridad. No la está dejando solo en manos del ministro de defensa. Se le ve siempre con un radio en la mano, convirtiendo cada operación importante en un mensaje político. Eso tiene ventajas — respaldo y claridad de misión a la fuerza pública, una señal de que existe una cadena de mando — pero también significa algo más: los resultados y los errores también van a ser suyos.
Bendito Menor: lo que un caso nos dice sobre la nueva doctrina
El caso de Nain Andrés Pérez Toncel, alias Bendito Menor, es importante no solo por quién era este criminal, sino por quién representa dentro de la nueva estrategia.
Reconocido formalmente como miembro representante de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada dentro de un espacio de conversación socio-jurídica. La intención era verificar si existía voluntad de transitar hacia la legalidad.
Convertido en objetivo de alto valor desde prácticamente el comienzo de la presidencia. Operación Centinela de la Patria — inteligencia de la DIJÍN lo ubicó en Riohacha. Resultado: Pérez Toncel muerto en enfrentamiento. Órdenes de captura por homicidio, secuestro, extorsión; circular roja Interpol.
El contraste es el punto. El mismo hombre que estuvo dentro de un escenario de conversación con el Estado terminó convertido por el nuevo gobierno en un objetivo de alto valor. Y la operación tuvo también un componente simbólico importante: Bendito Menor había construido una imagen pública alrededor de su vida criminal — redes sociales, motos, armas, joyas, narcocorridos. No se escondía solamente del Estado, también proyectaba poder frente a la comunidad. Durante meses el mensaje parecía ser "Aquí estoy." La respuesta del Estado terminó siendo "Te encontraremos."
Después de la operación, el presidente pronunció una frase que resume su filosofía mejor que cualquier documento: "Cuando el Estado se decide, los delincuentes siempre pierden."
El error que no puede cometer ningún gobierno: confundir bajas con seguridad
Aquí Castro identifica la tentación más peligrosa para cualquier gobierno que consigue resultados militares rápidamente: confundir la baja de cabecillas con la solución del problema. Y no son lo mismo.
Las organizaciones criminales siempre tienen reemplazos. Tienen estructuras financieras, rutas, contactos y armas. Y en algunos territorios tienen algo todavía más difícil de combatir: el control social. El funeral de Bendito Menor estuvo acompañado por narcocorridos, disparos al aire y manifestaciones de admiración hacia este criminal. Para Castro, ahí está una de las noticias más importantes de toda la historia — no solo que Bendito Menor haya muerto, sino que después de muerto hubiera personas dispuestas a celebrar lo que representaba.
Por eso Castro propone que el verdadero indicador no son las listas de alias tachados. La pregunta real es: ¿quién manda en el territorio después de la operación? Si mañana aparece otro hombre que ocupa exactamente el lugar de Bendito Menor, el Estado ganó una operación, pero no necesariamente ganó la recuperación del territorio. Si cambia el nombre del jefe pero continúan las mismas rutas del narcotráfico, ganamos una operación, no la guerra contra la estructura criminal.
Esto significa que "Abelardo va con todo" no puede significar solo más bombardeos, más muertos, más fotografías. Tiene que significar inteligencia, justicia, control territorial, persecución del dinero, protección de la población y presencia permanente del Estado después de que se van los soldados. Porque de nada sirve recuperar el municipio el lunes si el grupo armado vuelve el viernes.
¿Hasta dónde puede llegar? Autoridad sin autoritarismo
Si la respuesta a la pregunta del episodio es que sí, Abelardo va con todo, entonces hay que hacer inmediatamente otra pregunta: ¿hasta dónde puede llegar? Y la respuesta debería ser clara: hasta donde lo permita la Constitución, hasta donde lo permita la ley, y hasta donde un Estado democrático pueda utilizar legítimamente su fuerza.
✓ Autoridad: la fuerza legítima del Estado dentro de los parámetros de la ley. Fortalece una democracia.
✗ Autoritarismo: poder sin control. Puede afectar y destruir una democracia.
✓ Estado fuerte: implacable con quien amenaza al ciudadano, pero absolutamente sometido a la ley cuando ejerce su poder. "El Estado tiene reglas, el criminal no tiene reglas."
Esta discusión ya dejó de ser teórica. En estas primeras semanas ya aparecen bombardeos con menores reclutados dentro de estructuras armadas criminales, decisiones judiciales que comienzan a poner límites y cuestionamientos sobre cómo el gobierno comunica algunas operaciones.
El dilema de los menores es de los más difíciles que puede enfrentar cualquier fuerza militar. El criminal que recluta a un niño es responsable de ponerlo ahí — eso tiene que quedar clarísimo. Pero ese niño también es víctima de un delito. No puede resolverse con una consigna de cinco palabras. Se necesita inteligencia, protocolos, reglas de enfrentamiento, responsabilidad y decisiones difíciles.
Pero Castro tampoco acepta el otro extremo: no puede permitirse que el reclutamiento de menores se convierta en un escudo de impunidad para organizaciones criminales. Si el incentivo se vuelve "recluto niños, los ubico alrededor de mis estructuras y automáticamente creo una zona donde el Estado no puede entrar", eso tampoco puede ocurrir. La pregunta correcta no es "bombardee todo" ni "no toque a nadie" — es cómo actúa un Estado fuerte, preciso y legal.
El verdadero indicador: ¿Los colombianos estamos más seguros?
Castro acepta los resultados del primer mes por lo que son: datos oficiales de un período demasiado corto para extraer conclusiones definitivas. No va a cometer el error de declarar éxito después de 30 días. Pero tampoco va a cometer el error contrario: ignorar resultados simplemente porque no le gusta quién gobierna. Si los resultados existen, se tienen que reconocer. Si los errores aparecen, hay que señalarlos constructivamente.
El respaldo a la fuerza pública es necesario, pero no puede convertirse en un cheque en blanco. Un buen comandante necesita respaldo, pero también necesita reglas. Un soldado necesita saber que su gobierno lo defenderá siempre y cuando actúe correctamente y dentro del margen de la ley — pero también necesita saber exactamente dónde están los límites. Y un presidente fuerte no demuestra debilidad cuando reconoce un error, pero sí demuestra liderazgo.
Por eso la frase que debería definir esta estrategia no es simplemente "mano dura" — a Castro le parece demasiado pequeña. Él preferiría Estado fuerte. Un Estado fuerte tiene fuerzas militares capaces, pero también tiene jueces independientes, fiscales, cárceles que funcionan, persigue el dinero, controla fronteras, protege a los niños, recupera los territorios y después de recuperarlos se queda — no se va. Y ahí está la diferencia.
¿Abelardo va con todo? Hasta este momento, Castro diría que sí. Su gobierno está enviando una señal de ofensiva. La fuerza pública está actuando. Los cabecillas están siendo perseguidos. El presidente ha decidido convertir la seguridad en una de las banderas centrales de su administración — y está haciendo lo que prometió durante su campaña. Eso merece reconocimiento.
Pero los cuatro años son mucho más difíciles que treinta días. La verdadera prueba no será comenzar una ofensiva. Será sostener una política de seguridad sin perder la eficacia, sin perder la legitimidad y sin perder el Estado de derecho. Porque Colombia ya conoce los dos extremos: el costo de un Estado demasiado débil para proteger a sus ciudadanos, y los peligros que aparecen cuando en nombre de combatir al enemigo alguien empieza a creer que las reglas estorban. No necesitamos ninguno de los dos.
George Castro es analista político colombiano-americano, empresario y una de las figuras más influyentes de la comunidad colombiana en Estados Unidos. Durante décadas ha desempeñado un papel destacado en la vida cívica, empresarial y comunitaria, reuniendo a líderes políticos, diplomáticos, institucionales y comunitarios de Colombia y Estados Unidos y participando activamente en asuntos de interés para los colombianos dentro y fuera del país. Como creador de @CastrosCommonSense, Castro aporta esa experiencia a un espacio de análisis directo e independiente sobre la política, la economía y los grandes temas que afectan a Colombia. Su enfoque busca ir más allá de las consignas y de las lealtades partidistas para ofrecer contexto, criterio y sentido común a colombianos dondequiera que vivan.
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