10 de agosto de 2026. El suelo de Colombia tiembla con una magnitud de 7.4. Abelardo de la Espriella lleva exactamente 72 horas como presidente. Todavía está formando su gobierno, nombrando funcionarios, conociendo realmente las cuentas públicas. Y en ese momento — antes de terminar de sentarse en la silla — Colombia exige respuestas.
En este episodio, George Castro hace lo que poca gente hace en medio de una tragedia: separar las preguntas. No defender a Abelardo. No atacarlo. Pasarle factura por lo que le corresponde — y preguntar quién responde por lo que encontró.
Tres Días y un Terremoto: La Distinción que Cambia Todo el Análisis
El 7 de agosto de 2026, Abelardo de la Espriella toma posesión como presidente de Colombia. Tres días después, el 10 de agosto, ocurre un terremoto de magnitud 7.4. Las pérdidas preliminares se estiman en cerca de 30 billones de pesos en edificaciones e infraestructura: viviendas, hospitales, colegios, carreteras, acueductos, aeropuertos.
Desde ese momento, Colombia ha vivido dos conversaciones paralelas. Una sobre la forma — las sonrisas, los abrazos, las imágenes entregando balones en Buenaventura. Otra sobre el fondo: ¿con qué dinero se va a reconstruir a Colombia?
Castro establece desde el inicio el marco analítico que sostendrá todo el episodio: hay que separar lo que Abelardo recibió de lo que está haciendo con eso que recibió. Son responsabilidades diferentes y merecen preguntas diferentes.
Esto no es un periodo de gracia. Desde el momento en que juró como presidente, la responsabilidad constitucional quedó en sus manos. Puede ser la peor bienvenida imaginable — puede ser profundamente injusto — pero para eso se elige un presidente: para gobernar también cuando las cosas salen mal.
¿Dónde Estaba el Dinero? Los Recursos de la UNGRD y la Diferencia Entre Tener y Poder Usar
Después del terremoto emergieron dos narrativas completamente opuestas. Quienes apoyan a Abelardo dicen que Petro dejó la caja vacía. Quienes defienden al gobierno anterior sostienen que Abelardo está buscando una excusa. Castro no le cree automáticamente a ninguno. Hay documentos.
Durante el propio gobierno de Gustavo Petro ya se había reconocido oficialmente que la partida del presupuesto general de la nación destinada a contingencias y desastres era insuficiente. Esa partida era de aproximadamente 668.421 millones de pesos — y el mismo documento señalaba que esos recursos ya estaban apropiados y comprometidos por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres en reconstrucciones anteriores, viviendas, maquinaria y asistencia humanitaria.
La diferencia importa. Dinero registrado en un fondo no es lo mismo que dinero disponible para usar inmediatamente. Castro lo ilustra con una analogía directa: si su cuenta bancaria muestra $10.000 pero una parte corresponde a la hipoteca, otra a impuestos y otra a obligaciones ya adquiridas, contablemente tiene $10.000 — pero no puede tomar esos $10.000 para enfrentar una emergencia mañana. Eso mismo tenía Colombia el 10 de agosto.
Carlos Carrillo, exdirector de la UNGRD durante el gobierno de Petro, sostuvo que una catástrofe de esa dimensión habría obligado a cualquier gobierno a buscar recursos extraordinarios. Castro le da la razón en ese punto: sería absurdo pensar que Colombia debía tener 30 billones guardados esperando que ocurriera un terremoto. Pero también señala que las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
La pregunta legítima no es si Petro robó la plata — Castro dice explícitamente que no tiene evidencia para eso. La pregunta legítima es otra: ¿por qué Colombia llegó al 10 de agosto con una capacidad financiera tan limitada para enfrentar una gran catástrofe?
No Toda Deuda es Igual: La Primera Gran Prueba Económica de Abelardo
Abelardo hizo campaña hablando de austeridad, de reducir gasto y controlar el endeudamiento. Apenas comienza su presidencia se encuentra con una emergencia que probablemente requiere exactamente lo contrario: más recursos y posiblemente más deuda.
Y aquí Castro introduce una distinción que se pierde en el ruido político: no toda deuda es igual. Una cosa es endeudarse permanentemente porque el Estado gasta más de lo que recibe. Otra completamente diferente es buscar financiación extraordinaria para reconstruir un país después de una catástrofe. Castro lo ilustra con la misma lógica de la familia: si usted estaba reduciendo gastos y ocurre un incendio que destruye parte de su casa, nadie espera que la deje destruida porque prometió no pedir dinero prestado. Va a usar ahorros, cobrar el seguro, recortar otros gastos, pedir ayuda — y posiblemente buscar financiación.
La pregunta responsable, entonces, no es simplemente si Abelardo va a endeudar al país. Es: ¿para qué se endeuda? ¿Cuánto dinero solicita? ¿Bajo qué condiciones? ¿A qué plazo? ¿Cómo piensa pagarlo?
El Banco Mundial ya aparece como fuente de apoyo para la respuesta y la recuperación. El gobierno declaró el estado de emergencia económica, social y ecológica, lo que entrega herramientas extraordinarias para contratar y ejecutar con mayor velocidad. Pero Castro marca una advertencia clara: velocidad no significa ausencia de controles. Precisamente durante una emergencia — cuando el gobierno necesita contratar y desembolsar rápidamente — la vigilancia debe ser todavía mayor. Los poderes extraordinarios tienen límites y cada peso destinado a la reconstrucción debe poder ser revisado.
Desde la oposición, Gustavo Petro e Iván Cepeda han planteado la posibilidad de aumentar la tributación para ayudar a financiar la reconstrucción. Castro no descarta la discusión por provenir de Petro — hay que analizarla. Más deuda tiene consecuencias. Más impuestos también tiene consecuencias. Recortar presupuestos tiene costos. La cooperación internacional tiene límites. La solución probablemente sea una combinación de varias alternativas. Pero lo que se necesita no son consignas: se necesitan números.
Y Castro introduce una referencia que Colombia no debería olvidar: el terremoto del Eje Cafetero de 1999, cuando se creó un esquema especial para administrar la reconstrucción. Esta tragedia puede convertirse en la primera gran demostración de cómo pretende gobernar Abelardo — un modelo transparente, con auditoría permanente, participación privada, cooperación internacional, información pública y resultados medibles.
La Forma También Importa: Comunicar una Tragedia es Gobernar
Hasta aquí el episodio ha hablado de presupuesto, deuda e instituciones. Pero gobernar una tragedia no consiste solamente en administrar dinero. También consiste en representar emocionalmente a un país que está sufriendo.
Y aquí Castro dice algo que incomoda a quienes quieren defender a Abelardo sin matices: sí tiene cosas que revisar. Las imágenes de sonrisas, abrazos y la entrega de balones de fútbol a niños en zonas afectadas generaron críticas. Castro separa el gesto del contexto.
Cuando hay familias buscando desaparecidos, cuando el país está conociendo el número de muertos y miles de personas acaban de perder lo que construyeron durante toda su vida, el presidente tiene que entender que cada gesto comunica — sobre todo cuando viene de él. Puede tener la mejor intención del mundo. Pero si la imagen que recibe una familia damnificada es la de un presidente sonriente repartiendo balones mientras ellos se preguntan dónde van a dormir esa noche, existe un problema de comunicación.
Y ese problema sí le corresponde a Abelardo. No a Petro. No al presupuesto que recibió. No a la administración anterior de la UNGRD. A él.
Ser justo con Abelardo por las condiciones que heredó no significa justificar todo lo que haga. Desde el momento en que se puso la banda presidencial, su liderazgo, su comunicación y su capacidad para entender emocionalmente al país son responsabilidad suya.
El Verdadero Examen Todavía No Ha Comenzado: ¿Cumplieron?
¿Está manejando mal la crisis Abelardo de la Espriella? La respuesta de Castro ese día era que todavía era demasiado pronto para saberlo. Había pasado muy poco tiempo. Todavía se estaba conociendo la dimensión real de los daños. Muchas de las decisiones económicas tomadas solo podrían evaluarse dentro de varios meses.
Pero sí se puede comenzar a separar responsabilidades. El terremoto no es responsabilidad de Abelardo. Las condiciones fiscales que encontró tres días después de posesionarse tampoco fueron creadas por él. Eso no significa que todo pueda atribuirse automáticamente a Petro — una tragedia de esa magnitud habría obligado a cualquier gobierno a buscar financiación extraordinaria. Pero desde el 10 de agosto, la respuesta pertenece a Abelardo.
La reconstrucción no se mide por cuántas zonas visitó el presidente ni por cuántas veces apareció en televisión. Se mide preguntando: ¿Cuántas viviendas se reconstruyeron? ¿Cuántos colegios volvieron a funcionar? ¿Cuántos hospitales se recuperaron? ¿Cuánto costó y cuánto tiempo tomó? ¿Cuánto dinero se perdió por mala administración o corrupción?
Castro cierra con una afirmación que trasciende el análisis técnico. Espera que a Abelardo le vaya bien — no porque sea Abelardo, no porque sea de derecha, no porque alguien haya votado por él. Espera que le vaya bien porque Colombia necesita que le vaya bien. Desear que un presidente fracase en medio de una tragedia solamente para demostrar que uno tenía razón política es, en el fondo, desear que fracase el país.
Critiquemos lo que haya que criticar. Investiguemos lo que haya que investigar. Vigilemos cada contrato, cada préstamo, cada peso. Pero en medio de una tragedia nacional debería existir algo por encima de Petro, por encima de Abelardo, por encima de la izquierda y por encima de la derecha: Colombia.
Castro guarda este episodio para volver. Dentro de seis meses o un año, habrá que regresar, revisar las promesas, revisar las cifras y hacer una pregunta muy sencilla pero muy importante: ¿Cumplieron?
George Castro es analista político colombiano-americano, empresario y una de las figuras más influyentes de la comunidad colombiana en Estados Unidos. Durante décadas ha desempeñado un papel destacado en la vida cívica, empresarial y comunitaria, reuniendo a líderes políticos, diplomáticos, institucionales y comunitarios de Colombia y Estados Unidos y participando activamente en asuntos de interés para los colombianos dentro y fuera del país. Como creador de @CastrosCommonSense, Castro aporta esa experiencia a un espacio de análisis directo e independiente sobre la política, la economía y los grandes temas que afectan a Colombia. Su enfoque busca ir más allá de las consignas y de las lealtades partidistas para ofrecer contexto, criterio y sentido común a colombianos dondequiera que vivan.
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